¿Eliminar a los plurinominales?

Carlos Hornelas
carlos.hornelas@gmail.com

En fechas recientes el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que enviaría al Congreso una iniciativa de reforma electoral que propone eliminar a los 200 diputados plurinominales y los 32 senadores de representación proporcional. “¿Para qué tantos diputados?, ¿por qué no nada más se quedan los de mayoría?,¿por qué no se quitan los 200 plurinominales?, pero esto no solo en la Cámara de Diputados, también en la de senadores, vamos a reformar la ley…” fueron sus palabras el 15 de junio pasado.

Este presidente no ha sido el único en caer en dicha tentación pues tanto en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, como en el de Enrique Peña Nieto se barajó dicha posibilidad.

En cada caso el argumento sigue siendo el mismo: la reducción de miembros de las cámaras constituye un freno al dispendio oneroso, así como un mecanismo confiable para lograr acuerdos más eficientemente entre menos involucrados.

Por otra parte, la ciudadanía que está harta de los excesos y la corrupción de la clase política, ve con buenos ojos la posibilidad de reducir la plantilla de quienes está obligada a pagar por una labor que estima francamente mediocre o facciosa.

La reforma política de 1977 estableció este dispositivo para que candidatos que no compiten en la contienda electoral puedan obtener una curul simplemente por ser parte del listado que cada partido político entrega a la autoridad electoral al inicio del proceso.

Esta particularidad asegura que, no importando los resultados de la votación, la oposición contará con cierto número de escaños, desde los cuales puede hacer valer su voz.

Es gracias a este procedimiento que MORENA no cuenta con una mayoría absoluta en el Congreso y que la oposición le ha podido sentar frente, gracias a los resultados en los últimos comicios. Si finalmente se suprime este principio, el partido que obtenga la mayoría relativa podría tener poder sin contrapesos para legislar a su antojo sin frenos ni límites de sus adversarios políticos.

Si se eliminan los plurinominales el legislativo podría servir de eco de las órdenes del ejecutivo y tramitar cuanto le plazca. Podría convertirse en un apéndice del presidente para volverlo todopoderoso, como pasaba en la época priista, en la cual solo ratificaba las decisiones del primer mandatario.

Para algunos, los que anteponen los argumentos de la utilidad, el ahorro y la eficiencia, esto puede ser música en sus oídos. No obstante, para quienes pensamos que la política va más allá de cuánto se cobra en ciertos puestos o cuánto tiempo se ocupa para llegar a un acuerdo, esto significa un franco retroceso.

La separación de poderes es un principio democrático elemental por el cual ninguna de las ramas del Estado puede adquirir preponderancia sobre la otra. La vigilancia y el control recíproco a través de un sistema de pesos y contrapesos impide que el poder se acumule en una sola entidad. El poder corrompe. El poder absoluto corrompe absolutamente.

Si este intento llegara a tener éxito cabría preguntar si en el futuro no se pensará que incluso, dos Cámaras en el Congreso salen más caras que una sola, y entonces se cuestione también la especialización de las funciones de cada una.

Si precisamente se tienen dos Cámaras es para que en la misma función de legislar una sirva de contrapeso de la otra y no exista la posibilidad de coaligarse en contra de alguno de los otros poderes: ejecutivo y jurisdiccional.

La reducción de los plurinominales solo es beneficiosa para quien obtiene la mayoría y elimina de facto la posibilidad de escuchar a las minorías. El pastel sigue siendo del mismo tamaño, lo que sucede es que, al reducir a los comensales, las rebanadas son más grandes.

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