“Inteligentes”… ja

Armando Escalante
Periodista y analista político

Se avanza en sentido inverso; así como se lee, como si fuera un disparate. No solo se retrocede, corremos pero hacia atrás y rápido. Si solo fuera ir en reversa, estaríamos mejor. O sea, como antes, pero no es así. Ya ni eso.

Y esto hay que esclarecerlo porque con este Gobierno Federal ni siquiera cabe la esperanza de volver al pasado. Hasta eso ha borrado el tal AMLO. Canceló lo bueno que tuvimos, acabó con lo que funcionaba y descompuso lo que servía. Así estamos con el sistema de vacunación. No sirve. Puso otro que es peor. Si fuéramos hacia atrás, tendríamos el anterior pero no, tenemos “el nuevo”, que no existe. Son las “brigadas correcaminos” que van con prisa persiguiendo el voto.

A nadie le extraña porque así es con todo: un aeropuerto chafa que mientras unos lo lamentan le causa felicidad a los miserables que jamás se subirán a un avión. Igual con un tren que nadie pidió pero que hasta los gobernantes en turno se han vuelto cómplices de su absurda irrealidad. Una refinería inundada, esa sí, con prohibición militar de acercarse a ella para no tomarle fotografías. Y carreteras que ya no se repavimentan, campo que no se siembra, estancias que cerraron, comedores clausurados, ayudas que no se dan. Podríamos seguir pero el espacio es cortito.

Sirve lo anterior como preámbulo para hablar de las vacunas que no hay y también explicar que las que hay, no son para cubrir la segunda dosis, no son para médicos, ni para enfermeras, tampoco son para socorristas o policías, menos para los dentistas y otros especialistas en peligro. Y de plano no serán para adultos mayores en riesgo que vivan en una urbe metropolitana. Solo medio rural, lejano a los males mundanos.

Y mientras tanto… todos callados, no hay quejas, ni una cámara empresarial habla, ningún colegio alza la voz, las agrupaciones hacen mutis, los medios de prensa tampoco se animan, gobernadores y alcaldes, menos. Son tibios unos, cobardes otros. El daño crece y el retroceso sigue avanzando.

El xix.— Decía Carlos Castillo Peraza que algunos escribidores ponían las comas con salero, desordenadamente regadas por todo sus textos. Eso me viene a la mente cuando observo que evidentemente así colocaron los semáforos peatonales —aparatos “inteligentes” no como quienes decidieron su ubicación— millonaria y costosamente “regados” por todos lados. Están casi listos solo falta que algún día circulen vehículos por esas solitarias calles y ocasionalmente cruce algún peatón. En otra de sus lapidarias sentencias, Castillo Peraza, quien fuera ocasional corrector de nuestras notas en aquellos años luminosos del Diario de Yucatán, también dijo: “Un gobierno será mejor en la medida que salve a sus ciudadanos de perder el tiempo”. Cómo sucederá ahora con tanto perjuicio a la vialidad por el infortunado plan de obstrucción de glorietas, avenidas y camellones, perversamente diseñado para perjudicar el libre tránsito por donde algún día hubo fluidez. Ah por cierto, a los contratistas un recordatorio: cuando acaben de volver a teñir de verde el pavimento destintado por una lluviecita, no olviden recoger el tiradero de piedras, polvo y tierra que han dejado regados por donde retrocede tanto avance.

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