La nueva Guerra Fría: pensar lo impensable en la era del nacionalismo

Casi 30 años después de la caída del Muro de Berlín y del fin de la Guerra Fría—seguidos por un breve periodo de hegemonía estadounidense—la rivalidad entre las grandes potencias y el ascenso del nacionalismo llevan al mundo otra vez al borde de la devastación nuclear.

En esta ocasión, la rivalidad carece del componente ideológico de antaño y, según la interpretación del capitalismo de cada país, nadie cuestiona los beneficios del mercado y del comercio incluso en la China oficialmente comunista; al contrario, el riesgo de guerra es impulsado por una fiera competencia intercapitalista por materias primas y posiciones estratégicas, más similar al mundo de los años 30.

Tomemos como ejemplo, ya que hablamos de la nueva generación de nacionalismos y de la crisis de las instituciones multilaterales, de Naciones Unidas a la Unión Europea y los acuerdos contra el cambio climático, las negociaciones comerciales realizadas esta semana entre China y Estados Unidos en Beijing.

Dichas pláticas, dirigidas a terminar una grave guerra comercial, fueron precedidas por amenazas que resaltaron la verdadera naturaleza de la pugna por la hegemonía global entre un poder en declive—Estados Unidos—y otro en ascenso—China—tal como ocurrió hace 90 años con Gran Bretaña, Francia,

Alemania, Estados Unidos y Japón.

El vicealmirante Lou Yuan, subdirector de la Academia China de Ciencias Militares, declaró el mes pasado que hundir un portaaviones estadounidense podría matar a 5 mil de sus efectivos.

“Lo que más teme Estados Unidos es sufrir bajas. Veremos qué tan asustado se encuentra”, recalcó.

Lou enfatizó que las tensiones bilaterales “definitivamente no son una simple fricción en torno a la economía y el comercio”, sino “un asunto estratégico primordial”.

Previamente, Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos, saboteó en noviembre la cumbre del Foro Económico Asia-Pacífico (APEC) en Singapur, que por primera vez en 29 años no emitió un comunicado final, al expresar que China “tiene que cambiar sus formas” sobre el supuesto “robo de propiedad intelectual, la transferencia forzosa de tecnología, el acceso restringido a sus mercados, la falta de respeto a las reglas internacionales, los esfuerzos para limitar la libertad de navegación y la interferencia del Partido Comunista Chino en los países occidentales”.

Pence también atacó a la Iniciativa Cinturón y Camino de China—estrategia de infraestructura que integra estrechamente al país con la masa continental euroasiática—, asegurando que “Estados Unidos ofrece una mejor opción. No ahogamos a nuestros socios en un mar de deudas, ni los coaccionamos o comprometemos su independencia. No ofrecemos un cinturón restrictivo y un camino de un solo sentido”.

Gigante tecnológico

En términos geoestratégicos, además de las disputas comerciales simbolizadas por la detención en Canadá de Meng Wanzhou, alta ejecutiva del gigante tecnológico Huawei, Taiwán, el Mar del Sur de China y Corea del Norte son los focos rojos del desafío entre ambos países.
Ben Hodges, teniente general retirado y ex comandante estadounidense en Europa, indicó al Foro de Seguridad de Varsovia que Washington debe “lidiar con la amenaza china” en el Pacífico.

“Estados Unidos necesita un pilar europeo muy fuerte. Creo que en 15 años—no es inevitable—hay una gran posibilidad de que estemos en guerra con China”.

Sin embargo, la mayoría de los expertos cree que el peligro de guerra es mayor en los focos rojos entre Estados Unidos y Rusia.

Un conflicto de baja intensidad se desarrolla en Ucrania, considerada junto al Cáucaso el “vientre blando” de la antigua Unión Soviética, y las duras sanciones aliadas impuestas contra Moscú por esta causa son la mejor prueba de que la presunta injerencia del Kremlin en los comicios de Estados

Unidos, apoyando a Donald Trump, ha sido utilizada por la “resistencia” para frenar al magnate inmobiliario.

El fin de la Unión Soviética en 1991 trajo una oportunidad de oro a Washington para imponer un “nuevo orden mundial” (como George H.W. Bush lo anunció) desde Irak hasta el Mar Báltico.

Mediante la promoción de “revoluciones de color” con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Estados Unidos logró instalar en las ex repúblicas soviéticas regímenes aliados y bases militares cercando a Rusia.

El caso de Ucrania, en particular, fue visto por Moscú como una amenaza existencial, similar al hipotético establecimiento de bastiones rusos en la frontera de México o de Canadá con Estados Unidos.

Una encrucijada de las culturas occidental y ortodoxa, Ucrania perdió la vital península de Crimea en el Mar Negro, luego de una guerra entre el gobierno de Kiev pro OTAN y los separatistas rusos étnicos del este respaldados por Moscú en 2014.

Un ingrediente clave de la hostilidad Estados Unidos-Rusia es el creciente riesgo de guerra nuclear.

El retiro unilateral de los pactos de control de armamentos decidido por Washington, como el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (Intermediate-Range Nuclear Forces), ha sido respondido por el Kremlin con el despliegue de nuevas armas como el misil hipersónico Avangard, el misil balístico intercontinental Sarmat, misiles de crucero a propulsión nuclear, el misil balístico aire-superficie Kinzhal, torpedos teledirigidos y armas láser.
John Hyten, jefe del Comando Estratégico de Estados Unidos, dijo en marzo al Comité de Fuerzas Armadas del Senado que el Pentágono no tiene una defensa que pueda impedir el empleo de dicho armamento en su contra.

“Pensar lo impensable” es ahora la justificación para una carrera bélica en la que la Casa Blanca planea gastar USD $1.7 billones para modernizar su arsenal nuclear.

Un reporte publicado en noviembre por la Comisión para la Estrategia de Defensa Nacional afirmó que la “seguridad y el bienestar de Estados Unidos se hallan en el mayor riesgo en décadas”, al instar a Washington a incrementar su presupuesto militar y alistarse para dos conflictos simultáneos.

“Una fuerza concebida para dos guerras tiene más sentido estratégico hoy que en cualquier momento previo en la era de la posguerra Fría”, recomendó.

 

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