Progreso, un centro importante de la economía yucateca de tiempo atrás

Hace décadas, el movimiento marítimo era muy intenso, barcos de todas partes del mundo amanecían en el puerto y la mayoría tenía que esperar turno para atracar

Recientemente se anunció que a partir de noviembre de 2021 iniciarán las obras de aumento del calado de profundidad a 15 metros y la ampliación del canal de navegación del Puerto de Altura de Progreso a 200 metros, con lo que podrán ingresar barcos con capacidad de carga de hasta 100 mil toneladas y cruceros de última generación de hasta 10 mil pasajeros.

Sin duda que cuando estén terminadas estas obras se dará un importante cambio para la economía del estado, y Progreso una vez más será el centro de un importante movimiento económico como ocurría en décadas pasadas cuando los barcos llegaban a cargar henequén y otros productos de la región como el chicle y la miel.

Antes de Progreso, Sisal funcionaba, desde su fundación en 1810, como puerto de recepción y despacho. También funcionaban los de Salamanca, hoy Bacalar, y Campeche. En esos días, se registraba cada vez un mayor intercambio comercial con los puertos del Golfo de México, Cuba y España a los que se enviaba carne salada, palo de tinte, pescado salado y derivados de algodón y henequén. Mientras que de España llegaban artículos de ferretería, como clavos y alambre además de papel, telas y lienzos de lino.

La distancia de Sisal a Mérida era de 53 kilómetros, el camino era muy irregular y en tiempos de lluvia era intransitable, por lo que no había más opción que recurrir al puerto de Campeche aunque estaba más lejos, por lo que la necesidad de encontrar una salida al mar más cercana, dio lugar a que se integrara una comisión encabezada por Juan Miguel Castro Martín, quien acompañado de Simón Peón y Pedro Cámara Vergara, salieron una mañana de 1840 en una frágil embarcación con rumbo al Oriente para hallar el lugar indicado.

Este fue un fondeadero ubicado las vigías de Chuburná y Chicxulub ubicado a 33.9 kilómetros de Mérida, al que se llamó El Progreso, que en 1856 comenzó a poblarse y unos años después, el primero de julio de 1871, se fundó como puerto de altura y cabotaje al lograr que la aduana de Sisal se traslade a este nuevo lugar en el que antes de finalizar el siglo XIX, el puerto contaba con 4 muelles, el Fiscal, Cantón, Otero y Rotger.

El movimiento marítimo era muy intenso: barcos de todas partes del mundo amanecían en Progreso, la mayoría tenía que esperar turno para atracar, los almacenes eran insuficientes para albergar toda la mercancía y ésta terminaba amontonada en las plazuelas. Por este auge surgieron diversas agrupaciones como La Unión de Trabajadores Marítimos, Alijadores; plataformeros, Terrestres, Carretilleros y Cocheros que con sus centenares de obreros manejaban la carga en los muelles y en la zona terrestre.

Los muelles estaban casi siempre ocupados y por lo que respecta a los puertos de Chicxulub y Chelem, allí desde la madrugada eran descargados los buques de la llamada flota mosquito por medio de Chalánes.

“Lo más difícil en esa operación era bajar carga pesada del Chalán a la playa acción que ejecutaban los trabajadores metiéndose al agua hasta la altura del pecho y descargar los chalanes que no podían llegar hasta la orilla a hombro. También llevaban los sacos cajas y demás bultos a los camiones que esperaban en la misma playa”, detalla Romeo Frías Bobadilla en su obra “En el Cráter Porteño”.

“Hoy todo se hace a base de grúas, montacargas y demás equipos, pero entonces toda la mercancía se cargaba en hombros para subirla a los furgones del ferrocarril o a los camiones o en su caso para estirarla en las bodegas”, decía don Romeo, quien recordaba en la obra antes mencionada, la fuerza que tenía don Lucio Martínez, un hombre que a pesar de tener edad avanzada, subía y bajaba de los furgones del tren o de los camiones cargando hasta 150 kilos de peso.

Ya se imaginará usted cómo era el ambiente en aquella época de los muelles de madera donde había gente para todo, desde mecánicos para reparar una avería en el barco o en las viejas grúas de maniobras para la descarga en los mismos atracaderos, además de vendedores de churros, empanadas y refrescos.

Había trabajadores para bajar y subir pesada maquinaria, recogedores de granos en plataformas y piso de los muelles y tambien buzos para rescatar una paca de henequén o un fardo de hilo que se hubiera caido al mar para entregarlo a los checadores o a los representantes de las empresas embarcadoras para que las consideraran como mercancía averiada. Incluso estaban listos para rescatar a algún trabajador que se hubiera ido al agua y también eran empleados para hacer las reparaciones de los muelles y para ayudar a poner a flote pequeños barcos.

Texto: Manuel Pool Moguel

Foto: Cortesía

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