Siento lo mismo que tú

Por René Emir Buenfil Viera

Una situación común cuando tenemos pareja es darle lo que necesitamos, en lugar de hacer lo que la otra persona necesita, por ejemplo, si yo como esposo necesito ser escuchado, lo que hago con mi pareja es escucharla todo el tiempo en el afán de que ella me escuche a mí, y luego cuando ella me reclama que no atiendo su necesidad, digamos de cariño, yo le respondo que no ve todo lo que hago por ella. Y sí, es cierto que no lo ve, pero este punto ciego tiene que ver con que ella no pidió ser escuchada, pidió ese cariño que no le estoy demostrando como ella quisiera, y en cambio mi disposición para escucharla pasa desapercibida y pareciera entonces que no hago lo suficiente, cuando esto quizá se deba a que yo no estoy dispuesto a ver sus necesidades, que claro que me comunica, y sé lo que necesita mi pareja, sólo que es exactamente eso lo que no estoy dispuesto a hacer.

Claro que en la escucha puede haber cariño, y en cariño que mi esposa me da está una manera de escucharme, aunque yo no lo vea así porque no es como yo lo pido. Esto se complica con nuestra tendencia a las indirectas, nos cuesta mucho trabajo ser asertivos y pedir lo que queremos directamente por el miedo al rechazo que arrastramos de esas veces en que nos atrevimos a decir lo que sentíamos, y fuimos ignorados (as) olímpicamente, sin darnos cuenta que si nuestra pareja no captó el mensaje podemos perseverar en otras maneras de hacerle entender, es aquí que entra el hartazgo de pensar he hecho de todo, y nada funciona.

Los extremos tipo “yo siempre y él/ella nunca” son una forma de sabotear nuestra relación de pareja y un pretexto para cruzarnos de brazos y exigir con arrogante actitud. Una vez que identificamos estos patrones repetitivos en terapia de parejas podemos trabajar en el objetivo de salir de ese nocivo ciclo y expandir nuestras consciencias para darnos cuenta de lo que la otra persona hace, agradecer o reconocer sus intentos, y proponer alternativas de actuación para enfocar sus energías en acciones más significativas que les pondrán de mejor humor, actitud y disposición, y abrirán la comunicación de modos asertivos, claros y eficaces. Es posible sanar viejas heridas en terapia de parejas cuando tenemos la apertura para aceptar a nuestra pareja con sus estilos, sus maneras, cuando bajamos la guardia y entendemos que tiene buenas intenciones aunque mala ejecución, y que esas acciones pueden irse mejorando, perfeccionando y afinando para atender esos deseos que tenemos de hacer que las cosas funcionen, de sentirnos a gusto con nuestra relación son alcanzables ya que de la aceptación nace el amor. Sólo hay que darnos cuenta que del otro lado nuestra pareja también la está pasando mal, también se esfuerza, sufre, se deprime y se angustia con su situación, y también piensa que han agotado todas las posibilidades, aunque no sea así, y en el fondo también tiene la esperanza de estar en paz y tener un ambiente que saque lo mejor de ambas personas.

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